Yira que te yira

 Por El Espectador- El taxi, ese medio de transporte que se encuentra en toda ciudad que se precie de tal, se ha convertido en un ícono de la ciudad de Buenos Aires, a tal punto que sus choferes fueron distinguidos con una escultura que se levantó en pleno Puerto Madero, una zona residencial ubicada a orillas del Río de la Plata.

Los “techo amarillos” (como se los suele llamar por sus colores negro y amarillo) forman parte indiscutible de la cultura popular porteña.  En los años ’70 una telenovela rompió con los modelos estándar en la forma de hacer y concebir este rubro, “Rolando Rivas, taxista”.  Una tira de emisión semanal que duró dos años, pero que aún hoy permanece en la memoria de los argentinos y constituye parte de su acervo artístico-cultural.

Es que, entre otras cuestiones, Rolando era taxista y los taxistas resultaron desde siempre una referencia muy significativa para los habitantes de la ciudad del tango, no sólo para trasladarlos de un lugar a otro, sino también para consultarlos acerca de alguna calle o para tomarlos como referencia a la hora de buscar un lugar económico y bueno para comer, ese que ellos eligen para sí mismos.

Lo cierto es que desde noviembre del año pasado, los más de 70 mil taxistas de la ciudad tienen su homenaje gracias a la escultura que realizó el artista Fernando Pugliese en la que un polímero que simula bronce, representa a un taxista calvo y de bigotes acodado sobre el techo de un taxi del clásico Siam Di Tella, el modelo de auto que marcó a los taxis porteños.

 El monumento fue donado por el Sindicato de Peones de Taxis de la Ciudad de Buenos Aires y erigido en la plazoleta de la avenida de los Italianos y Macacha Güemes, la zona conocida como Costanera Sur, muy cerca de los carritos donde los choferes suelen ir a comer un sándwich de chorizo, una bondiola o aquel corte de carne de preferencia que le permita saciar el hambre en medio de su recorrido.

Propios o  alquilados, peones o propietarios, con llamada radiotaxi o sin ella, alrededor de 38.600 techo amarillos recorren diariamente las calles de la ciudad.  Una ciudad que los llama por igual taxis o tachos y a sus 70.000 conductores, taxistas o tacheros.  No se sabe a ciencia cierta el motivo del apodo, todo parece indicar que proviene de los primeros relojes taxímetros que se introdujeron en la Argentina y que eran de la marca francesa “Maurice Tachon´s, nombre que derivo en “tacho”. De ahí que a los taxistas pasen a ser tacheros, aunque ellos gusten más de ser llamados taxistas. 

Los primeros taxis datan del año 1860 cuando se sanciona la primer ley de patentes para los carruajes de alquiler.  Hasta 1967, los que circulaban por las calles de Buenos Aires podían ser de cualquier color, pero ese año una normativa dispuso que todos debían tener la carrocería pintada de negro en la mitad inferior y amarillo en la superior.

No importa la hora, salvo que sea 24 o 31 de diciembre entre las 21.00 hs y el día siguiente, basta con salir a la calle para cruzarse con algún taxi dispuesto a levantar al primer pasajero que con su brazo extendido le haga una seña para pararlo.

“Yira que te yira* a través de la Ciudad; ese taxi mío es un mundo en libertad; mundo que de tanto en tanto habita; el apuro de llegar a alguna cita”, rezan las primeras estrofas del tango “Taxi mío” que introducía la telenovela “Rolando Rivas, taxista”.

Y de tanto yirar encontraron su lugar, ese desde donde se les rinde un justo y merecido homenaje.

*Yira: palabra lunfarda que significa andar/dar vueltas por la calle