María Balmayor

 

Por El Espectador- “Pueden ubicarse donde vosotros lo deseen, cerca del escenario tal vez” . Como buena anfitriona de su tablao-restaurante Cantares, la actriz argentina María Balmayor recibe así de miércoles a domingo a sus visitantes nocturnos.  Aunque dedicó gran parte de su vida a recorrer escenarios españoles y de una buena porción de América, hace nueve que su pasión por la dramaturgia y la poesía hispana la despliega en su propio espacio.  Seguir las huellas dejadas por Federico García Lorca a su paso por Buenos Aires, la llevó al centenario tablao donde pasaban sus horas el propio Federico, Carmen Amaya o Miguel de Molina.  “Creo que Lorca me trajo a este sótano. Cuando se decide convertir en museo la habitación 704 del Hotel Castelar, donde se hospedaba el poeta español cada vez que venía a Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad me convoca para los actos homenaje.”, rememora, “comencé a buscar un lugar cerca del hotel y llegué hasta aquí. Estaba totalmente en ruinas, como detenido en el tiempo, pero al bajar me encontré con el escenario y las luces y me enamoré inmediatamente.  Ponerlo a mi nombre me obligó a incursionar en su historia y allí me enteré que la magia de los grandes seguía dando vuelta por sus paredes”. Ubicado en pleno centro porteño, a una cuadra de la Avenida de Mayo, aquella que supo enfrentar a republicanos y falangistas en plena Guerra Civil Española, fue construido en 1901 por inmigrantes andaluces.  No existieron dudas a la hora de rebautizar el lugar “Para mí Antonio Machado es un poeta de una dignidad tan noble, tan humanamente hombre que merecía este homenaje. Por eso Cantares”.  Allí los amantes de la poesía y el flamenco pueden disfrutar de espectáculos en los cuales la combinación de ambas artes y de distintas culturas le dan un sello distintivo. Pero su refugio también hace escuela: “Es maravilloso que haya tanta gente joven que apueste a la pasión del flamenco,  a las raíces, a la vida, al arte.  Hay más de 100 alumnos y eso te da confianza frente a un mundo tan distorsionado”, señala María.

Desde pequeña, supo que lo suyo era la actuación y especialmente el teatro español “Mi conexión con España viene desde la panza.  Soy hija de inmigrantes, mi madre era nativa de Burgos y mi padre de Lugo. En casa había una enorme biblioteca del Cine de Oro español, por lo que a los 10 años me deslumbraba leyendo Lope de Vega o Calderón de la Barca y sus historias las representaba en mi cabeza con cambio de vestuario y todo”, evoca, “y a la hora de los cuentos, no aparecía Caperucita Roja, sino las vivencias de mi madre vinculadas al teatro de doña Lola Membrives o de Margarita Xirgu con López Lagar a quienes iba a ver a la sala ubicada enfrente de su casa en su tierra natal.  Mis cuentos y sueños eran con esos actores”. Contar con el apoyo de los padres a la hora de definir la profesión es importante. Aunque no siempre es así “Mi vida no fue fácil.  A pesar de haberme llenado la cabeza con toda esa fantasía, cuando le dije que quería ser actriz mi mamá me contestó ‘antes que arriba de un escenario prefiero verte muerta’ y me coartó todas las posibilidades”.   Pero María no se dejó doblegar  y siguió adelante. Estudió actuación y comenzó a recorrer escenarios. “Trabajé mucho para la Embajada española en Buenos Aires en función de los poetas y dramaturgos españoles. He hecho, León Felipe, Federico García Lorca, Antonio ​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​