Los peces infernales

“Lo vimos alejarse en la explanada, como una aleta de tiburón surcando un banco de peces infernales”

 

Por Leticia Amato – Dos años antes de que viera la luz pública Cien años de soledad, la cuantiosa y afamada novela de García Márquez -aquella que lo catapultaría al Nobel tiempo más tarde-, en pleno auge de lo que se conoció en el ámbito de la industria literaria como “el boom latinoamericano”, en una cárcel del Perú, rodeada por las aguas del océano Pacífico, Genaro Carnero Checa escribía sus relatos, cuentos y testimonios infernales.

Aquel mismo año en que García Márquez elegía el realismo mágico (que fundó Rulfo) para reflejar una América Latina disgregada y azotada por las dictaduras militares, Truman Capote elegía el género no-ficción (que fundó Walsh) para relatar en A sangre fría la decadencia de una sociedad, la norteamericana, que se precipitaba en una espiral irrefrenable de violencia sin sentido. Antes de esto y aquello, hacia 1965, el periodista y escritor peruano, Genaro Carnero Checa, cumplía condena por ser comunista en la cárcel de “la isla”, y elegía para dar voz a sus relatos en Los peces infernales un notable cariz testimonial.

Los peces infernales, cuyo título trae cierta reminiscencia pizarnikiana, es un libro compuesto por un conjunto de relatos, que encuentra en el acontecer cotidiano del espacio carcelario,  un escenario y tema comunes.  Los personajes explorados por Carnero Checa en toda su diversidad son habitantes del presidio apenas ficcionalizados: guerrilleras en huelga de hambre, proxenetas, jóvenes combatientes que esconden bajo la piel una estrella roja, ratas, delatores, piojos, carceleros.

Desde su prólogo anuncia: “Como no dispongo de otros materiales, recurro a las únicas canteras que, por razones obvias, tengo a mi alcance: la imaginación y el recuerdo. No me preocupa en absoluto el temor a la extinción o a la frialdad del pensamiento. Espero salir, más bien, de estas ya familiares rejas, con una nueva arma de combate: este libro bajo el brazo.”

Estos textos que el gran periodista escribe en forma clandestina durante uno de sus tantos pasos –más de veinte- por cárceles peruanas en calidad de preso político, anhelantes y optimistas, vulneran los barrotes que los cercan gracias a la colaboración de familiares, compañeros y amigos, para convertirse en testimonio y denuncia de una generación de hombres y mujeres que lucha por la “segunda independencia” de los pueblos latinoamericanos.

Basto autor de ensayos, poesía y artículos periodísticos, Carnero Checa escribió también La acción escrita; Cesar Vallejo, poeta, hombre; Corea: arroz y acero; USA, alborotada y crepúsculo; entre otros y fue, además, fundador de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

Fuente: utpba.org