Los meses sin R

 

Por Sergio Bongiovanni- Mayo y Junio en honor a antiguos dioses. Julio y Agosto a bravos emperadores. Para la gente del hemisferio sur, meses de otoño e invierno. Para muchos, los meses sin r, reglita mnemotécnica para recordar a los podadores, que los árboles deben perder sus hojas, más allá de lo que la naturaleza dicte. Pero la naturaleza no siempre sigue reglas tan estrictas como las que Julio César (el del mes sin r) impartía a sus soldados.

Antes de podar habría que saber la respuesta de algunas preguntas. ¿Sirve la poda? ¿Todas las especies se deben podar? ¿Todas de mayo a agosto?

Es importante saber que todas las podas reducen la vida de los árboles y siempre conlleva un riesgo de enfermedad en ellos, sobre todo si el diámetro de la rama que se corta supera los cinco centímetros. Por encima de esa medida, el árbol no llega a cicatrizar (la palabra técnica es compartimentalizar) completamente la herida, con lo cual aumenta el riesgo de entradas de elementos patógenos, sobre todo hongos, en particular caries, que son aquellas que producen pudrición y ahuecamiento del tronco.

No hay un momento exactamente determinado para la poda. Esto va a depender de cada especie. Siempre conviene en otoño o a fin del invierno. La época de poda, en líneas generales, es lejos del frío intenso y del calor intenso. No se deben hacer podas en junio o en julio. También va a depender del momento de floración de cada especie. Siempre es recomendable que sea inmediatamente después de la floración, aunque esto sea en septiembre. Es el caso, por ejemplo, del membrillero de jardín que florece en invierno, si se podara en invierno, reduciríamos el número de flores.

Existen distintos tipos de poda: de conducción, que se realizan sobre árboles jóvenes para guiarlo en su crecimiento siguiendo determinadas pautas estéticas (eliminación de ramas mal situadas); sanitarias, que consisten en la eliminación de partes enfermas (se deben realizar en el momento del año en que aparezcan); de acortamiento, para controlar el tamaño de la especie, sobre todo si representa un riesgo a viviendas o a la población.

En todos los casos, lo ideal, por supuesto, es que lo haga un especialista con conocimientos botánicos. Y olvidarse de las R.

Los meses sin R

Por Sergio Bongiovanni- Mayo y Junio en honor a antiguos dioses. Julio y Agosto a bravos emperadores. Para la gente del hemisferio sur, meses de otoño e invierno. Para muchos, los meses sin r, reglita mnemotécnica para recordar a los podadores, que los árboles deben perder sus hojas, más allá de lo que la naturaleza dicte. Pero la naturaleza no siempre sigue reglas tan estrictas como las que Julio César (el del mes sin r) impartía a sus soldados.

Antes de podar habría que saber la respuesta de algunas preguntas. ¿Sirve la poda? ¿Todas las especies se deben podar? ¿Todas de mayo a agosto?

Es importante saber que todas las podas reducen la vida de los árboles y siempre conlleva un riesgo de enfermedad en ellos, sobre todo si el diámetro de la rama que se corta supera los cinco centímetros. Por encima de esa medida, el árbol no llega a cicatrizar (la palabra técnica es compartimentalizar) completamente la herida, con lo cual aumenta el riesgo de entradas de elementos patógenos, sobre todo hongos, en particular caries, que son aquellas que producen pudrición y ahuecamiento del tronco.

No hay un momento exactamente determinado para la poda. Esto va a depender de cada especie. Siempre conviene en otoño o a fin del invierno. La época de poda, en líneas generales, es lejos del frío intenso y del calor intenso. No se deben hacer podas en junio o en julio. También va a depender del momento de floración de cada especie. Siempre es recomendable que sea inmediatamente después de la floración, aunque esto sea en septiembre. Es el caso, por ejemplo, del membrillero de jardín que florece en invierno, si se podara en invierno, reduciríamos el número de flores.

Existen distintos tipos de poda: de conducción, que se realizan sobre árboles jóvenes para guiarlo en su crecimiento siguiendo determinadas pautas estéticas (eliminación de ramas mal situadas); sanitarias, que consisten en la eliminación de partes enfermas (se deben realizar en el momento del año en que aparezcan); de acortamiento, para controlar el tamaño de la especie, sobre todo si representa un riesgo a viviendas o a la población.

En todos los casos, lo ideal, por supuesto, es que lo haga un especialista con conocimientos botánicos. Y olvidarse de las R.