Aterrizando en la Isla de la buena memoria

Por Bettina Castro- El 10 de julio se cumplió un mes de la inauguración del “Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur” ubicado en el amplio predio de la Av. Libertador 8151 dentro del Espacio para la Memoria Ex – ESMA, donde funcionó uno de los centros clandestinos de detención de la última dictadura cívico-militar de los años ´70.

A partir del 2004 éste lugar fue destinado a la memoria, las artes, la justicia y la verdad, la imposición definitiva de la vida por sobre todo lo que atentó contra ella. No es casualidad que se la sienta con una intensa complejidad a medida que uno se acerca a la modernísima construcción.  Caminar  por entre la frondosa arboleda cubierta de sol, con la compañía del sonido de las aves y la brisa que te acaricia, hacen que la naturaleza se muestra en su máxima expresión.

La imagen completa se nos presenta clara, nítida, sin ninguna neblina que atravesar  y  ante ese paisaje hay una reflexión inevitable después de tantos años de cantar la marcha. ¿Por qué se tardó tanto en hacerlo realidad? ¿Será que la neblina que dice la canción patria, más que referirse a un fenómeno meteorológico que impediría la simple visibilidad, es un manto más bien mental, construido histórica y artesanalmente por una mano imperial?

Se percibe que la decisión de emplazar el Museo aquí, es la de ofrecer la mixtura entre lo simbólico y lo material, la condensación de lo que había, de lo que hay, más por dónde y cómo se seguirá. Claro que ésta, es una de las múltiples lecturas posible del panorama que se nos presenta: la bandera flameando muy alto, la representación en una obra artística de las Islas junto al A.R.A Gral. Belgrano en el instante justo que está  por hundirse definitivamente en el mar. A manera de fondo, el gran ventanal del edificio que funciona como si fueran los ojos del continente que ya no podrán mirar hacia ningún lugar sin olvidarlas como parte de su propia totalidad en cualquier acción política o cultural que se quiera tomar. La gran pared de vidrio no sólo permite entrar la luz natural sino que deja ver a las personas trasladándose por su interior.  

Y una idea final: agua, tierra, viento y metal sumados al movimiento de la gente parece estar todo dispuesto para una nueva alquimia mental con una consigna clara de “Paz memoria y soberanía”. La fórmula no es tan nueva sólo que apuesto a que fue la neblina la que no la dejó fraguar. 

Quien ingrese se creerá un visitante común y corriente como en cualquier exposición cultural pero sólo será hasta llegar a la “Sala Prólogo”. Sobre ella se verá pender un avión de verdad y  avanzará hacia una proyección en 360°, de la cual no saldrá como un espectador más al que han ubicado solamente en tiempo y espacio, sino que también le dará la posibilidad de ser un actor sensible listo para interactuar en los tres niveles por los que transitará. Dentro de este espacio arquitectónico cada objeto está  dispuesto para que sea visto en un continuo reinterpretar, cada parte con el contexto general  avanza en la profundidad y conceptualización integral. Algo así podemos percibir si tomamos, por ejemplo, el ir completando en visión espiralada desde cada sala temática al Cessna 185 suspendido del techo del salón central. Los visitantes al acercarse, tramo a  tramo, creerán poder tocarlo desde un puente donde se mira como si se pudiera volar. Es como una especie de panóptico hacia adentro, desde adentro y hacia afuera a través del gran ventanal; la interaccióny lo que provoque en nuestra cabeza harán de cada uno de los concurrentes un observador particular. Es posible que ese lugar lo interpele desde un plano simbólico a poder entender el pasado y el presente o quizás a poner en movimiento la solidez de sus propias convicciones, si pueden ser tan férreas  como las que llevaron a tantos civiles (jóvenes generalmente) a realizar esos actos de resistencia y soberanía allí por donde brama el viento y ruge el mar. Entre ellos, el del dueño del pequeño avión que con 38 años lo piloteó para aterrizar, por no más de quince minutos, entregar una proclama en mano a un inglés y volver a tierra firme.

Pero, para llegar a ésta u otras maneras de epilogar la visita se podrá pasear por el Nivel I donde se describirá la geografía, flora y fauna de Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y aquí se encontrarán las razones que explicitan a nuestro favor en cualquier discusión que se quiera plantear. Se reforzará la idea del ambiente isleño al ver el documental que Raymundo Gleyzer realizara a mediados de los años ´60, el director de cine argentino, que paradójicamente, en la década siguiente, fue desaparecido más por la misma dictadura militar que planteó la recuperación del enclave colonial mediante una guerra desigual a principios de los ’80. Se vislumbrarán los comienzos de la políticas respecto de las islas, los viajes náuticos, las defensas de civiles sobre el territorio insular: Vernet, El Gaucho Rivero, Las mujeres, Dardo Cabo, FitzGerald  y los que hacían desde el continente: José Hernández, el logro del gobierno del ex presidente ArturoIllia ante la ONU, entre otros. Ya  a manera de enlace histórico con el piso superior del museo, se describen “Las Tres Plazas” que transcurren significativamente de mayo a  junio de 1982.    

En el último nivel se muestra la dura vida de los combatientes en la Islas, las responsabilidades político-militares de la Junta en el informe Rattembach. El papel de los medios de comunicación durante la misma. Un sentido homenaje a los que murieron en combate y la post guerra que sintieron los que pudieron volver.                                                                                                      

Al finalizar el itinerario se podrá visitar la mediateca donde desde una pantalla LCD táctil interactiva ubicado sobre una gran mesa, se explica la conformación del Imperio Británico a través del tiempo con los territorios no autónomos reconocidos por la ONU, que permiten entender porqué Gran Bretaña, sigue con su política colonial en el Atlántico Sur en pleno siglo XXI y así comprender la geopolítica actual o si se quiere bajarlo a un discurso más cotidiano, la razón por la cual se dice que las Malvinas no son  sólo una causa nacional sino continental y por qué entre otras cosas, el autor del Martin Fierro, allá por el año 1869 titulaba en el periódico Río de la Plata “Islas Malvinas: Una cuestión urgente”.