Arte político y patrones del odio

Por Bettina Castro-La que otrora supo ser la casa de Victoria Ocampo y redacción de la prestigiosa Revista Sur, por donde circulaba la élite intelectual de la época, es hoy la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, abierta gratuitamente al público todos los días de 9 a 20 hs. Esta vez nos invitan a recorrer varias muestras del artista Roberto Jacoby  realizadas durante su extensa y polifacética trayectoria. Para los que piensen que no lo conocen para nada, les comento que si han bailado al son de Virus en la primavera alfonsinista también han cantado sus temas. Jacoby venía del mítico DiTella y ya sabía que la película de la humanidad había empezado hacía mucho y ya para ese 1984, había muchos odios para curar. La historia continuó  su marcha, se dijo que se habían terminado las ideologías, mientras todo siguió empeorando y empeorando aún más para las mayorías , en tanto Jacoby se mantenía atento a los distintos momentos con alguna intervención que diera lugar a la reflexión: “el anti afiche del Che” (mucho antes de los 90), la campaña por la concientización del sida (en el ascendente neoliberalismo vernáculo) son apenas dos ejemplos de su producción. A principios de este siglo empieza a observar con atención los comentarios que dejan los lectores al pie de las notas de los diarios de mayor venta y penetración cultural de la sociedad argentina, en sus versiones on line. Seleccionó así los núcleos discursivos donde se producían claramente la deshumanización de sectores enteros de la sociedad argentina y la construcción de un Otro como objeto de odio que debe ser sacado del cuerpo social, ya que ese odiado es considerado, en el mejor de los casos, una sobra. Todos esos fragmentos  localistas los puso en pausa virtual y los transcribió con carbonilla en las paredes blancas de la casa de la calle de Rufino de Elizalde 2831.

Esas paredes hablan del odiador y su necesidad para definirse en tanto su relación con el odiado (los que se perciben blancos en cuanto denigran a los negros, los que se presumen educados en la medida que estigmatizan a los ignorantes y los que se sienten clases medias en tanto detestan a los pobres con la garantía absoluta que nunca les faltará gente para odiar) y estar frente a ellas es sentir la atmósfera densa  y oscura que emanan, no sólo por ver reflejadas esas palabras y esos conceptos que pueden aparecer como nimios exabruptos anónimos acá en Argentina , pero que hoy por hoy  han pasado al orden de lo fáctico, de lo absolutamente literal. Esas paredes son una  muestra despejada  de lo que Jacoby nos quiere advertir claramente como uno de los objetivos de esta exposición al decir que “es posible que (ésta selección de observaciones anónimas) no revistan mayor importancia. Sin embargo, no debe olvidarse que las masacres fueron precedidas por elaboraciones discursivas deshumanizantes, que no fueron escuchadas en su momento”.

A los pocos días de comenzada la muestra se conoció mundialmente Ayotzinapa  y “los ayotzinapas” que hubo antes que ni pudieron ser nominados, donde solamente aparecieron fosas comunes llenas de restos humanos sin identificar, con familias que no se animaron a pedir por ellos al momento de la desaparición por miedo o por la misma naturalización que tienen ciertas lógicas que terminaron imperando en el sentido común de los jurados estadounidenses de ciudades como Ferguson o Missouri.

Podría atribuírsele a casualidades  epocales que también para la misma fecha salía a la venta “¿Para qué sirve realmente un sociólogo?” (Paidós), el último libro de  Zygmunt Bauman ofreciendo una posición desde la misma tapa afirmando que ” la rama más tradicional y humanística y la menos empresarial, incluso antiempresarial , de la sociología [….] tiene como objetivo hacer la conducta humana menos predecible activando fuentes de decisión interna y motivadoras que proporcionen a los seres humanos un conocimiento más que suficiente de su situación para ampliar de este modo la esfera de su libertad de elección.”

Roberto Jacoby además de artista es sociólogo trabaja siempre con colaboradores y para la intervención  ” Diarios del Odio” lo hizo junto al artista y Doctor en Ciencias Sociales Syd Krochmalny. Más allá de que la muestra termine el 15 de diciembre se podrán seguir sus trabajos, y algo de ésta muestra, por Internet, coexistiendo en ese mismo universo virtual donde están los comentarios que el mismo seleccionó a modo de advertencia y que seguirán reescribiéndose en los comentarios al pie de nuevas noticias. Quizás éste arte político logre que un espectador advertido pueda dejar pertenecer a la casta del novel indignado 2.0 y pueda darle más dimensiones a esas densidades que emiten las pantallas de la PC, que vienen desde varios rincones del mundo y que algunas son de ineludible linkeo con una época de lucha por los derechos afroamericanos de una más abiertamente racista EEUU del siglo pasado, donde no por vieja la advertencia de Malcom X sobre un posible patrón direccionador de odio ha tomado más peso específico desde aquel 1968 hasta hoy .